Punto Final, Nº 893 – Desde el 26 de enero al 8 de marzo de 2018.
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Un tiempo peligroso

Con sobrado derecho el pueblo debe sentir el temor que genera la derecha.
Cuando Sebastián Piñera sea ungido por segunda y vergonzosa vez por la primera mujer presidenta, luego de su segundo, innecesario y lamentable periodo presidencial, se oficializará una mala noticia para la gente abusada.
Para los trabajadores y el pueblo en general, la derecha desde siempre es un riesgo que es mejor evitar. Los poderosos son enemigos de todo lo que huela a pobre y esa verdad, curiosamente, se tiende a olvidar con el paso del tiempo. O tiende a ser relativizada por algunos que apuestan a la amistad cívica que lo resuelve todo. Y por sobre todo, se tiende a olvidar al pobre.
Pero la derecha siempre ha sido un peligro.
Y va a respetar la ley solo y siempre que no llegue el momento en que sus intereses sean amenazados. En ese caso, hará saber su odio a cuanto huela a democracia, a ley, a Estado de derecho. Del mismo modo hará saber su concepto de libertad, utilizado según sea si coincide o no con sus creencias y convicciones. Todo el resto es digno de su persecución despiadada.
En la historia de Chile esas volteretas que ha dejado al descubierto la real cara antidemocrática de la derecha, han costado decena de miles de muertos. Y un sufrimiento que no se puede llevar a escalas numéricas. Y en la historia de América Latina, el concepto de democracia de la derecha ha dejado un saldo de centenares de miles de desaparecidos y asesinados, torturados y desplazados.
Para ser honestos, en nuestro país hace más de un cuarto de siglo que vivimos en peligro por mucho que la cosa se vea aderezada por rasgos democráticos. En este lapso ha dominado una trenza entre la derecha más abyecta y la coalición que se hizo cargo de transitar desde la dictadura uniformada, a la cosa extraña que es esta forma de democracia, la que en el tiro que mata, el palo que tortura y la economía que atrapa, no dice mucho de la diferencia.
Jamás ha estado claro el límite entre lo que dejó la dictadura y lo que administró con mano precisa la Concertación/Nueva Mayoría. Ha sido una frontera movediza. Cierto que no hay cárceles clandestinas, ni vuelos de la muerte, ni Opalas polarizados que causan terror. Pero la aplicación de los programas de gobierno Concertación/Nueva Mayoría, ¿ha sido suficiente para un pueblo que pagó el mayor costo durante la dictadura?
Se intenta buscar un legado para identificar a Michelle Bachelet. Se habla, ella misma lo hace, de un país más justo, más humano y con mayores derechos para la gente. ¿Habrá que agradecer las migajas que han repartido? ¿Habrá que agradecer el sueldo mínimo que mantiene a los trabajadores viviendo en la pobreza luego de trabajar 45 horas diarias? ¿O debería hacerse patente el contento de los viejos que jubilan con pensiones de vergüenza? ¿Habría que celebrar un sistema escolar quizás el peor del mundo? ¿O un sistema de salud que enferma? ¿Tendrían que estar felices los deudores del CAE? ¿Ha habido la intención siquiera de justicia real, reivindicación y reparación para las víctimas de la dictadura?
Los resultados de las elecciones pasadas demuestran que la derecha tuvo la sabiduría de dejar que otros hicieran por ella lo que era necesario para sostener el legado de la dictadura sin que pareciera así. Esa obra de arte de la política hizo lo suyo y llegó a su fin.
Ha quedado claro que una cosa es el gobierno y otra muy diferente es el poder.
El pueblo castigado no puede sino esperar un proceso de reapriete que apuntará a castigar aún más, restringir, prohibir y por sobre todo reprimir. El propósito estratégico de esta avalancha ultraderechista será cortar las alas a los movimientos sociales utilizando todas las formas de lucha, en especial su arma favorita: las leyes.
La derecha jamás pierde el norte. Siempre ha sido capaz de poner sobre la mesa sus intereses, relegando a un segundo plano las diferencias que puedan tener entre ellos. Y por sobre todo, sabe quién es el enemigo. Y será por costumbre cultural, o por algún gen, el caso es que siempre sabe que esos que reclaman y exigen y patalean, son el enemigo y que se ven muy nítidos más allá de la mira.

Ricardo Candia Cares

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 893, 26 de enero 2018).

 

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