28 de mayo de1999 

La voz de las Machi

Por Mauricio Buendía. En Lumako y Temulemu, Territorio Mapuche


MACHI María Ancamilla, de la comunidad Pantano de Traiguén.
Lloró la machi, y descendió por las quebradas un canto suave y tierno como de colibrí encinta. Reverberaron sus lágrimas en el sol del atardecer para posarse desafiantes en el alambre de púas del huinka. Es justo que a las machi de Traiguén y Lumako, les devuelvan sus tierras usurpadas, por respeto a sus abuelos y por sus hijos y nietos. Se duelen de lo que está sucediendo a su pueblo, de que se pierdan las tradiciones, el respeto a Ngnechen por parte de la juventud y que las empresas forestales arrasen con su tierra. Dice Teresa Painequeo, machi de Reñiko Chico en Lumako. "¿Si no tuviera tierra qué cosechamos, qué comemos? Si cosechamos 30 sacos chicos tendremos que vender unos 5 sacos pa' poder comprar una pieza de ropa o un pantalón, un par de zapatos, o una chaleca, un par de metros de género o un ganadito pa' criar un chancho, un animalito. Nosotros aquí no tenemos animales, nosotros aquí vivimos en media hectárea de tierra y son seis los herederos". Herederos de tierra erosionada, de pendientes y quebradas poco aptas para el cultivo, mientras, a metros de allí, grandes bosques de pino se alzan al cielo burlándose del mapuche. O los eucaliptos, los mismos que plantaron sin permiso de nadie en Pilmico, Lumako. "José Ismael Saravia me tiene usurpada la tierra -dice con amargura Irma Cheguan, machi de Pilmico- vino en la noche cuando estábamos en un velorio y se tomó la tierra. Se la vendió a alguien de Pastene y fue ahí cuando empecé a endurecerme". Y claro, no podía ser de otra manera si se considera que a Irma le quitaron 20 hectáreas en la parte baja de su predio y alrededor de 15 en la parte alta. Aunque parezca increíble "el vecino ahora me amenaza con balas. Tengo que cortar el alambre pa' poder pasar, porque no permite que saquemos nada y me dijo que me iba a disparar si lo seguía haciendo. Pero, tengo niños y tengo que lavar".

Es su tierra y debe pedir permiso para obtener un poco de agua para subsistir, como muchos de los comuneros de Temulemu que debieron recuperar tierra que históricamente les pertenece y comenzar a trabajarla para establecer soberanía sobre territorio mapuche. Allí llegó carabineros en febrero pasado para proceder al violento desalojo del fundo Santa Rosa de Colpi, hombres, mujeres y niños fueron brutalmente golpeados por más de doscientos policías y guardias de seguridad. Una de ellas fue la machi de Temulemu, María Ancamilla quien, a pesar de no haber participado en los hechos, fue alevosamente atacada por carabineros. A golpes, palos y puntapiés esta mujer pequeña de casi sesenta años fue reducida por los carabineros de Chile. Pero ella sigue altiva, manifestando a quien quiera escucharle, "que esta es una lucha digna porque las forestales han hecho mucho daño a nuestro pueblo".

ES BONITO SER MACHI,

PERO TAMPOCO ES BONITO

 

Tres mujeres mapuches, que se alzan por sobre la prepotencia del huinka, el racismo del gobierno y la indiferencia de muchos. Tres machis distintas unidas por un sino común: haber sido ungidas por Ngnechen para servir a su pueblo. "Ser machi es ser médico, hacer remedio, sanar enfermos. Para orar, para estar mejor, pa' que venga bien el año, pa' que no haya tanto sacrificio, para que haya lluvia, pero también mucho sol. Esto es pal' país entero, sean mapuche o no mapuche. Una machi hace oración pal' mundo entero", dice Irma. Hacer llover en un año tan seco es una de las grandes preocupaciones de mucha gente, mas no para Teresa quien asegura que puede hacer llover siempre y cuando le acompañe la gente de la comunidad. Esto es importante, porque ella se siente dichosa de poder servir a sus hermanos y hermanas, "de dar buena salud como una simple intermediaria de Dios. Por eso yo me siento feliz de ser machi, porque ser machi es bonito, pero tampoco es bonito. Ser machi significa tener comunicación con los montes, los árboles, las plantas, la naturaleza, pero también se sufre mucho. Son los dolores de enfermedad que uno sufre antes de ser machi y también cuando está nublado o después de haber realizado un machitún. No altiro, el alma es la que lucha, la que está completamente cansada a los dos o tres días de la ceremonia de sanación".

Es parte del sacrificio que a veces comienza cuando joven, en los sueños de las elegidas o cuando ya mayores, como la nueva machi iniciada por María en la comunidad de Pantano en abril. Porque, afirma sonriente María Ancamilla entre la llovizna y el inclemente frío que asola el lugar, "es importante que otra persona más joven conozca los secretos de ser machi, ella tendrá más fuerza y si Ngnechen me dio este poder él también ha querido que se lo traspase a otra persona". Y allí estuvieron los lonkos y otras autoridades de las comunidades de Pantano, Temulemu y Didaico para participar del machilvwvn, ceremonia de iniciación de una nueva machi. Sangre nueva, pero también antigua, porque antiguas son las machis en la cultura mapuche, por eso cuando la policía golpea a una machi, está golpeando el corazón del pueblo mapuche. Y eso duele. Cuando carabineros incauta un rewe, elemento sagrado de la machi o de una comunidad, también. El día de mañana cuando ni siquiera se pueda hacer un kultrung también. Este es un instrumento de percusión sagrado utilizado por la machi en sus rogativas. Hecho de cuero de chivo o de caballo y tocado con un palo de álamo, lleva en su interior plata, piedra de barro de agua, palitos naturales, laurel, canelo, semillas de remedio ¿Y que pasará cuando se acaben los animales y el laurel y el canelo?

Cuando el kultrung de Teresa estuvo dañado, ella sentía el dolor "aquí en la cintura todo el tiempo que estuvo roto".

 

EL VALOR DE SER

MAPUCHE

 


IRMA Chehuan, machi de la comunidad Pililmapu, Lumako.

MACHI Teresa Painequeo de Reñiko Chico,Lumako e hija.
De la misma manera que duele -producto de la violenta invasión huinka- que se estén perdiendo muchas de las tradiciones de un pueblo milenario. Ante la imposibilidad de vencer a los mapuches, los españoles se vieron forzados a firmar el tratado de Quilín en 1641, respetando de ahí en adelante la frontera mapuche del río Bío-Bío al sur. Sin embargo, como es sabido, el Estado chileno comenzó el proceso de integración forzosa del territorio mapuche a mediados del siglo pasado, siendo un hito fundamental en ello la ocupación militar de la Araucanía en 1881. Nada ha sido igual de ahí en adelante, verificándose un creciente y sistemático proceso de asimilación forzada del pueblo mapuche y la consiguiente pérdida progresiva de su identidad como nación. Componentes vitales de su identidad como pueblo -su cosmovisión, su lengua, su organización social- han experimentado profundas transformaciones debido a la imposición racista del castellano, de la religión católica o evangélica y del poder del Estado chileno a todo nivel. Es por ello, asegura triste Teresa, "que mucha gente está perdiendo su tradición. Se han metido mucha en la idea moderna, no creen en la riqueza que tienen, creen las fantasías de la radio o la televisión. Han perdido de ser mapuche, otros no saben hablar o no se saben poner un vestido. Hoy hay mucha gente que no cree en Ngnechen ni en la riqueza que tiene la tierra, los cerros. Pa' que vuelva la costumbre del mapuche la madre o el papá desde muy chiquitito tienen que decirle al niño una palabra en mapuche y otra en chilena. Si le van a decir el pollo también tienen que decirle achawall. Y si le van a decir el perro también hay que decirle tregua, entonces al niño no se le va a olvidar. Es importante que los padres en la casa guarden las tradiciones".

Orgullosa en su casa de suelo de tierra dura, mate y eterno fogón, Teresa Painequeo, señala que "a mis hijas desde muy chiquititas les puse chamal y delantal como debe ser su vestuario mapuche. En una fiesta de mapuches ellas no van a ir de vestido. Hoy los mapuches se ofenden muchos porque no tienen sus prendas, trarilonko, trapelakucha y prendedor. Pero lo que pasa es que nosotros mismos las hemos vendido, pasa un huinka y se vende, así perdemos el valor de ser mapuches. Porque si nosotros perdemos las joyas, perdemos también el valor de ser mapuches. ¿Adónde estamos entonces?". La respuesta a tal interrogante debe hallarse en las nuevas movilizaciones mapuches, en el nuevo impulso que ha alcanzado su lucha centenaria, porque son cada vez más los que han dicho basta a la discriminación y al despojo, a la usurpación y la prepotencia, a la violencia y a racismo de las empresas madereras y del Estado chileno. Son cada vez más los que han dicho basta a seguir perdiendo el valor de ser mapuche, como dice sabiamente la machi.

El soplo del caballo limpia el alma de la machi y le susurra al oído cantos antiguos, amores imposibles, largas noches de historias junto al fogón, agua fresca de cristalinas vertientes. "Es que todo antes era nativo, había agua, yerbas, árboles y arbustos para las enfermedades. Ahora no hay nada, se lo llevaron todo. Cada vez es más difícil hacer remedios y sanar enfermos, hay que ir a otros lugares a buscar yerbas", relata María. La verdad es que todo se está secando debido a la tala indiscriminada del bosque nativo y a su reemplazo por especies exógenas como el pino y el eucalipto, y detrás del pino y el eucalipto están las transnacionales forestales y su sed de ganancias a costa del entorno y de los pueblos originarios. Por todo ello, "la llegada de las forestales ha sido estupenda de mala, quitando la tierra a la fuerza, sin permiso de nadie han echado todo abajo, incluidos los árboles sagrados. Aquí en Lumako se tomaron las tierras no más, no hay papeles o firmas de ningún mapuche", afirma Irma Cheguan. Todo lo anterior es refrendado por Teresa quien puntualiza que "aquí en Lumako no han dejado ni una tabla" y, también, por María quien, desde Temulemu, nos habla de "tierra arrasada, donde no queda agua ni para los animalitos".

Efectivamente, la Forestal Mininco se ha apoderado de tierras mapuches y ha arrasado con los bosques de Traiguén y Lumako. Resguardados por carabineros y guardias privados maquinaria pesada tala el bosque incesantemente, intentando llevarse en camiones el corazón de un pueblo que se niega a morir. Puede ser la tierra, puede ser el viento o la montaña, quizás la fuerza de los ríos de las alturas. Puede ser todo eso, mas lo concreto es que hoy, como ayer, los mapuches están convencidos que sólo luchando lograrán ser respetados como pueblo. Es que, como dice Irma, "el gobierno chileno está de acuerdo con la forestales y no ayudarán a los mapuches. Aquí corren los cercos por la noche sin permiso y siempre lo han hecho. Yo casi me sequé en Santiago buscando solución a mi problema, se me hincharon los pies, las huellas, pero no había justicia, todo era para el huinka y los mapuches no teníamos donde gemir. Recorrí todo Santiago golpeando las puertas de las autoridades, pero no había nadie. ¿ónde está la puerta de la autoridad?"

ASPECTO de una ceremonia religiosa realizada este año por la comunidad indígena de Tanakefe, en la zona de Arauco.

La puerta de la autoridad está cerrada para los mapuches y abierta para las forestales, la puerta de la autoridad tiene el color del dinero y no de pueblo originario. Desde esa puerta no se advierte, ni menos aún se siente, la pobreza, el hambre, el analfabetismo, la mortalidad infantil, el frío y las pulmonías de los niños. Por todo esto y mucho más, dice Irma, "el Estado chileno debería devolverle la tierra al pueblo mapuche. Ellos saben bien que la tierra es nuestra". Claro, porque el huinka no debería tener tierra en Lumako, ni en Temulemu, ni en Cuyinco, ni en el Alto Bío-Bío, "por eso me causa dolores vivir en este mundo y por eso no hallo la hora de que salga la recuperación en Pidenco. Allí, en el fundo Pidenco, actualmente en manos de la forestal Mininco, varias comunidades demandan la devolución de al menos 3 mil hectáreas que históricamente les pertenecen.

Las demandas de los mapuches y las diversas recuperaciones llevadas a cabo en los últimos dos años no sólo son justas, sino que constituyen una necesidad para Irma de la comunidad de Pilmico, cuya "tierra está seca, la arena no es buena para sembrar, se pierde todo el trigo y las arvejas". "Es una lucha digna y hay que seguirla", asevera María en mapudungun, su lengua materna, mientras toca el kultrung, instrumento sagrado utilizado en rogativas. La nueva machi le observa atentamente siguiendo el ritmo y el cántico de su maestra, indiferentes a la garúa y el frío de la mañana ambas repletan de colores el cielo grisáceo y amenazante.

Ninguna sabe leer ni escribir, pero eso no les impide tener claridad acerca de la verdadera dimensión del drama que vive su pueblo. De entender que su supervivencia como tal pasa por la recuperación de su tierra para dejar de ser pobres, para reconstruir su identidad y fortalecerse como un pueblo culturalmente distinto al chileno. Porque la tierra habla mapuche y respira mapuche y con ella se entienden kudemayu y llalliñ, llampüdken, kürüf, foye y koyam; alka, kapura, koipu, choyke, pinda, kokori y choroy. Por entre las doradas hojas del canelo se vislumbra preclara la conciencia de un pueblo vergonzante, combatiente y profundamente digno. Desde allí se descuelga el espíritu de machi pobre, pero depositario de secretos milenarios, doliéndose de los demás y de ellas mismas para poder sanar cuerpos y corazones enfermos. Y no hay nada que enferme hoy más al mapuche que la violencia de las forestales.

"¡Mire como vivimos aquí en Temulemu -apunta María Ancamilla- somos pobres, porque no dejan nada parado, se lo llevan todo como desesperados!". Así siguen tan sólo sobreviviendo, rasguñando frutos a la tierra estéril, buscando agua por entre los alambres de púa que el huinka puso en territorio mapuche. "Sufrimos tanta pobreza que yo lloro por mis hijos y mis nietos", dice con una mezcla de rabia e impotencia Irma. "En la escuela acusaban de cochinos a mis niños y muchas mujeres chilenas se reían de mí, porque no teníamos agua o jabón ¿Cuántos hermanos mapuches sufren igual? Sí, porque se aprovechan de nosotros los ricos, nos pisotean. ¿Cuántas veces han ido mis niños al pueblo cargados como burros pa' vender leña y a veces ni siquiera la pagan?".

Entonces "que no se pongan rabiosos ni nerviosos los carabineros, no pueden ponerse tan duros, porque sólo pedimos lo que es nuestro. No pido la tierra por mí sino que por todos". También por Teresa de Reñico, cuya hija nació en medio del trueno, quien anduvo descalza hasta los 16 años. "Mi padre se farreaba todo, no sé qué haría con la plata, creo que todo se iba por la garganta". El conquistador europeo y chileno utilizaron el alcohol para engañar al mapuche, para despojarle de sus sentidos y de sus tierras. Y así despojaron a seis niños de la posibilidad de crecer felices, puesto que mi padre "decía que una oveja iba a ser nuestra y después la vendía y nosotros llorábamos".

La pobreza no es nueva para el pueblo mapuche, le ha acompañado desde que violaran sus tierras en busca del oro y la plata que sólo existían en la imaginación del conquistador. Ahora, "si es que algún día entregan la tierra, la van a entregar sin nada, sin bosques, sin pájaros, sin animales. Igual es importante recuperar la tierra, recuperar parte de nosotros". Además, señala Teresa desde las penumbras de Reñico, un poco antes que desaparezca el sol por el horizonte, "¿Dónde van a vivir los hijos y los nietos, dónde van a vivir?".

Teresa Painequeo se hizo machi hace diez años cuando "me mataron un día entero y de ahí me levantaron". Al pueblo mapuche lo han matado siglos enteros, pero se ha levantado una y otra vez. Es la voz de las machi, la voz de la tierra

 

Mauricio Buendía

En Lumako y Temulemu,

Territorio Mapuche

 
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