11 de junio de 1999
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Lucha sindical con mano femenina |
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Por Julia Ramirez |
A ninguna de ellas le resulta fácil multiplicarse durante el día y buena parte de la noche para cumplir con sus varios roles en el trabajo, la familia y el sindicato. Pero todas están convencidas de que las mujeres son absolutamente necesarias en las dirigencias sindicales. Y que debieran ser muchas más que las que son.
JUDITH Rubio, presidenta del sindicato de Provida, llegó a ese cargo "por casualidad".
Se presentó en un momento en que correspondía renovar directiva, al ver que nadie quería presentarse y se quedarían sin sindicato. De eso hace ocho años.Tienen coincidencias y también diferencias estas dirigentas que, entre todas, representan a alrededor de tres mil trabajadores: Judith Rubio, presidenta del sindicato de Provida; Rosita Novoa, de la Federación Nacional de Trabajadores de Laboratorios Químicos, Farmacéuticos y Cosméticos, y Liliana Gaete, presidenta del sindicato de Sodimac. Sumamos al grupo a Marcela Cornejo, ex dirigenta de Protección -lo fue hasta que esa AFP fue adquirida por Provida en diciembre pasado, desapareciendo el sindicato- y del Coordinador Nacional de Sindicatos de AFP, que bajo el liderazgo de Judith encabezó la aguerrida movilización de fines de 1997. Aunque Marcela sobrevivió a la primera racha de despidos luego de la fusión -520 personas-, le enviaron el sobre azul a la semana de participar en la formación de un sindicato interempresa, en abril, ante el cual fue nombrada delegada. Por lo mismo, disponía de fuero y esa fue la razón por la que presentó una demanda por despido indebido e injustificado ante la Corte de Apelaciones de Santiago, exigiendo su reincorporación y el pago de las indemnizaciones legales que correspondan, con sus respectivos reajustes e intereses.
Aunque sin trabajo, Marcela Cornejo sigue siendo dirigenta. La tramitación de su demanda puede durar hasta dos años y ningún empleador la contratará en esas condiciones. Pero eso no mella su ánimo.
Cada una en su estilo, se desenvuelven con inteligencia y lucidez, y han sabido insertar con entusiasmo el quehacer social en sus vidas. Mientras que Judith es soltera, lo que le ha permitido volcarse ciento por ciento a la actividad sindical, Rosita y Marcela son separadas, con dos y cuatro hijos, respectivamente. Liliana es casada, espera su tercer niño y cuenta con el apoyo de su marido para compartir el cuidado de los hijos y de la casa. Marcela Cornejo se ganó una beca que le permitió ingresar este año a estudiar Periodismo en el Arcis. Dice que le alcanza el tiempo para todo y que la clave es ser organizada, aunque también reconoce que tiene una "nana" excepcional. "El gran drama que tenemos las mujeres es cómo lo hacemos con los niños, porque un familiar puede cuidarlos, pero no para que la mamá se vaya a trabajar al sindicato", comenta.
DESPUES de varios intentos de crear organizaciones amplias a nivel sindical, Marcela Cornejo se quedó con un esquema de Colectivo de Trabajadores, con la idea de retomar el rol social de las antiguas mutuales.¿Qué pueden aportar las mujeres para ayudar a superar los problemas que tienen reducido y debilitado al movimiento sindical?
Judith: "Su aporte es esencial. Nosotras vemos de distinta manera el tema del poder. Entendemos que hay que trabajar en función de quienes representamos, independiente de si una es presidenta, tesorera o auxiliar. En cambio, para el hombre el cargo es muy importante. Si las mujeres acumuláramos fuerza al interior de las organizaciones, habría un cambio en más breve plazo".
Liliana: "Por lo mismo que las mujeres trabajadoras somos también mamás, esposas y manejamos una casa, tenemos una gran capacidad para organizarnos y claridad en los objetivos. Somos más metódicas y ordenadas. Eso nos da otra visión de la dirección del sindicalismo y de los cambios que requiere una organización superior de los trabajadores".
Rosita: "Las mujeres, en determinados puestos, son una ayuda siempre que mantengan una actitud femenina, que acoja y cree lazos afectivos. No se trata de ponerse a disputar un puesto con los compañeros hombres para asumir una actitud machista. Eso no sirve".
COMO presidenta del sindicato deSodimac, Liliana Gaete representa a una base sindical de 1.400 trabajadores del sector comercio.
Marcela: "No basta sólo un cambio generacional, también debe haber un recambio a nivel de género. La mujer es mucho más trabajadora en el ámbito sindical, porque no anda detrás de las cámaras y tiene un sentido de la vida distinto. Somos constructoras casi por genética. El hombre, por un problema cultural, está como para los 'grandes momentos', pero a la hora de la pega práctica sólo aparecen los más jóvenes. Creo que esa dirigencia que tiene 18 ó 20 años de sindicato está obsoleta; es cierto que estuvo en los peores momentos de la dictadura, pero ahora tiene que hacerse a un lado para que pase el resto. Si uno sigue como tapón de la artesa, el agua se estanca y se empieza a poner turbia".
SITUACION VENTAJOSA
Cada vez se incorporan más mujeres al mercado laboral. Y éste, ¿cómo las recibe?
Judith: "El mercado no toma en cuenta las diferencias de género, solamente su necesidad de hacer negocio. Si las mujeres le salen más baratas y trabajan más, le convienen. En mi sector, que es de servicios, hay un 75 por ciento de mujeres y el 40 por ciento de ellas son jefas de hogar. Por lo tanto, tienen la doble responsabilidad de conservar su trabajo. Aunque se rebelan con más facilidad que los hombres, son más inteligentes para darse cuenta hasta dónde llegar para que eso no les cueste la pega. En Provida se ha avanzado en acceso a salas cunas, en el respeto de los horarios de maternidad y en reintegros de mujeres finiquitadas estando embarazadas. Pero eso no llegó solo, ha costado".
Rosita: "Creo que uno de los sectores más débiles en el mundo laboral es precisamente el de la mujer. Es el más pisoteado, el menos valorado, hay grandes diferencias salariales respecto de los hombres. Cuando salió de la casa para trabajar no se libró de una tarea, sino que se agregó otra más".
¿Por qué son tan escasas las dirigentas mujeres?
Liliana: "Son pocas las que se han atrevido a asumir un rol determinante. En Sodimac, las mujeres somos como el 50 por ciento del total de los trabajadores, pero cuesta que se decidan a participar porque se encuentran con muchas barreras. Sin embargo, cuando le dicen 'aquí no hay sala cuna, porque no te corresponde', cuando se siente tocada, empieza a investigar por qué y a moverse".
Rosita: "Hay muchas dirigentas de base, porque es un trabajo más interno, más familiar, que es el estilo de la mujer. A ella le cuesta mucho salir de ahí y darse cuenta que tiene mayores capacidades. A la federación vienen a trabajar bastantes mujeres, pero cuesta hacer sindicalismo con ellas. Es difícil que se queden a una reunión, porque tienen que partir corriendo a la casa, donde siempre hay mucho quehacer. Por eso formamos el departamento de la mujer, justamente para tratar temas de género. Vamos a hacer taforma de trabajar: hoy prácticamente no se vende, si no que se compra el traspaso de una a otra AFP. Para eso hay distintas fórmulas, pero todas salen del bolsillo del trabajador, lo que produce un tremendo desgaste sicológico en la gente que se ve obligada a actuar así por el sistema de mercado. Para las empresas, la fórmula para impedir que eso siga ocurriendo es rebajar los sueldos de los trabajadores de ventas, con la finalidad de que tengan menos posibilidades de comprar un traspaso. Por eso, ahora estamos enfrentados a la eventualidad de un cambio de contrato".
Liliana: "En nuestro caso, hace falta lograr una interlocución plena empresa-sindicato. Nosotros logramos llegar a un discurso muy similar con la gerencia general y la gerencia de recursos humanos, pero cada sucursal (son 49) es manejada por diferentes jefaturas que aplican las normas de distinta forma. Entonces, los dirigentes tenemos que estar pendientes de aquí y de allá, porque en algunas partes no pagan las horas extraordinarias o hay incumplimientos de otro tipo".
ROSITA Novoa preside la Federación Nacional de Trabajadores de Laboratorios Químicos, Farmacéuticos y Cosméticos hace ocho años, pero lleva doce como dirigente sindical.¿Qué tan decaído se ve el movimiento sindical?
Liliana: "Bastante, pero la esperanza es que hay harta gente tratando de hacer cosas.
Lo que me preocupa es que estamos demasiado divididos, cada grupo que se forma tiene una visión de lo que debería ser el sindicalismo en el país. No podemos seguir con este individualismo".
Rosita: "Estamos viviendo al máximo una transformación en la organización del trabajo, que es lo que tiene complicado al mundo sindical. Hoy, el tipo y estilo de empresa es distinto, la legislación es arcaica y la organización sindical debiera experimentar un cambio profundo respecto de su quehacer social: cómo ser interlocutor válido de la gente que tiene trabajo a domicilio o informal, de aquellos que trabajan por dos o tres meses y cómo poder seguir trabajando con los compañeros que despiden de las empresas y se mantienen sin trabajo, pero que a la larga se las rebuscará sin ingresar a ninguna empresa. Pero todavía se piensa en que la organización es para los trabajadores de una empresa establecida".
¿Pertenecen a alguna agrupación?
Judith: "Yo participo en la Coordinadora Multisindical, que nació por iniciativa de un grupo de dirigentes que veíamos que 'combos vienen, combos vienen, combos vienen', sin reacción, salvo al interior de alguna empresa, lo que hoy no tiene mayor connotación. Concebimos la Multisindical como una instancia autónoma en lo económico y de los partidos políticos. Y ahora estamos haciendo un intento de coordinación territorial. Nosotros estamos en la Coordinadora Santiago Centro, nos reunimos todas las semanas, evaluamos lo que está pasando en cada sindicato y compartimos algunas experiencias positivas. La idea es lograr algún tipo de movimiento, ver si es posible cambiar. Entre los temas que se están discutiendo internamente, por ejemplo, está el problema del Código del Trabajo, pero yo creo que si éste nos presenta varias dificultades, la mayor dificultad es nuestra incapacidad de acción frente a lo que nos pasa. Y por ello, pienso que hay que partir por fortalecer nuestras propias organizaciones".
Marcela: "Levantamos la Coordinadora Santiago Centro con el propósito de hacer trabajo sindical, pero un sector de compañeros insistió en que había que ampliar la organización para formar un referente social-sindical. La discusión se fue desviando hacia las grandes estrategias políticas y ahí empezamos a tener conflictos. Había discrepancias respecto de la concepción de la organización sindical y los métodos de trabajo, los más jóvenes hacíamos de todo y los de más experiencia eran más discurso. El debate provocó un gran desgaste y siguió una lluvia de descalificaciones. Un grupo nos retiramos en marzo, hicimos una revisión y llegamos a la conclusión que lo que queríamos era hacer trabajo de base. Para eso creamos un Colectivo de Trabajadores, recogiendo experiencias del sector estudiantil, al que queremos darle un carácter más social que reivindicativo (de hecho, no podemos negociar). Esto, en el sector servicios, que tiene un alto nivel de subcontratación. Uno de los objetivos es organizar a trabajadores del sector privado -la mayor parte del 10% de los actualmente sindicalizados son del área pública-, desde los empleados hasta el personal que hace el aseo. Parte de este esfuerzo es crear una nueva concepción del trabajador, que no sea la clásica del hombre de casco y overol. Hoy tenemos 400 mil trabajadores del sector servicios, que son de terno y de corbata, entre los que hay contratados, subcontratados, a honorarios e independientes. Pero todos igualmente explotados, atomizados, convertidos en individualistas sin ningún espacio. Proyectamos hacer talleres y rescatar la alegría del trabajador, los colores, las consignas. Estamos saturados del lenguaje recargado, de que lo primero sea definirse como 'clasista y autónomo'. Por supuesto que somos clasistas y que compartimos la necesidad de autonomía, pero un trabajador común y corriente no entiende nada de eso, y el 99% de este país son trabajadores comunes y corrientes. Puede parecer muy hereje, pero hasta la palabra sindical la hemos tratado de erradicar, porque no podemos restringir la vida del trabajador al concepto de sindicato".
Liliana: "Como sindicato, estamos afiliados a la CUT, porque aunque todavía no da señales claras de aunar a todos los trabajadores, como lo hizo antes, tiene arraigo en el común del pueblo. En lo personal, he participado en varios grupos un poco buscando y un poco tratando de aportar, pero lamentablemente la división ha ido creciendo. Los trabajadores necesitan un ente verdaderamente superior, que convoque sin partidismos, que se enfrente a la necesidad de cambiar toda la legislación laboral, o al menos que se reconozca realmente algo tan fundamental como el derecho a huelga. Para eso se necesita mucha unión".
Rosita: "La federación está afiliada a la CUT y también a una organización internacional que agrupa a trabajadores de actividades vinculadas a la química, energía y minería. Como la globalización llega a todos lados y las transnacionales lo controlan todo, se hace más necesaria la relación con trabajadores de otros países".
¿Qué pasa con la CUT?
Judith: "Creo que hoy está mejor intencionada que hace un año. Pero mientras estén metidos los partidos políticos en las direcciones, no va a cambiar mucho. Los dirigentes sindicales debemos adoptar líneas gremiales, porque los compromisos políticos no son gratis".
Liliana: "La CUT debería retomar el trabajo con los dirigentes de base de todos los sindicatos y ofrecer una alternativa de cambio real. Yo veo señales de un cambio de dirección positivo".
Rosita: "Estamos afiliados a la CUT porque es la única central que existe en este país y la respetamos. Pero siempre hemos sentido que tenemos que trabajar haciendo fuerza con nuestra propia gente. El problema de la CUT es la pugna por el poder a nivel de los partidos políticos, cada cual quiere ser el florero. Y los empresarios aprovechan eso para desprestigiar a los dirigentes".
Marcela: "El recambio de la dirigencia es positivo, en el sentido que le abrió espacio a un sector de la izquierda, pero en la concreta pensamos que ésta no se diferencia mucho de las antiguas cúpulas de la CUT".
CANDIDATOS QUE NO
CONVENCEN
¿Qué tanto podría mejorar o empeorar la situación del movimiento sindical con el resultado de la elección presidencial?
Judith: "Tengo absoluta desconfianza hacia todos los candidatos. Si hubiera decisión política para modificar la Constitución o para legislar por lo que la ciudadanía necesita y no por lo que los intereses económicos mandan, podría haber cambios. Pero independiente de quien salga elegido este año, ese cambio yo lo veo en dos o tres períodos más. Ese es el tiempo que los trabajadores necesitan para terminar de despertar. A mí me resulta complicado votar, pero también es irresponsable no votar o votar nulo, y creo que este problema lo tiene la mayor parte de la gente".
Liliana: "No me convence ningún candidato, no se ve el proyecto país que nosotros, los trabajadores, estamos esperando. Los políticos siempre prometen cosas, y es muy preocupante que ahora estén promoviendo el seguro de desempleo (Protac) como una bandera de lucha, a pesar que no va a servir para paliar la crisis, porque entraría en vigencia, según la ley, al menos un año después de ser promulgado. Y, además, el seguro de desempleo está comprometiendo la indemnización por años de servicio, que podría volver a rebajarse a cinco años. Por otra parte, se propone que los fondos, que serían aportados tanto por el empleador como por el trabajador, los maneje un ente parecido a las AFP. Tal como está el país, vamos caminando firmemente hacia el empleo precario y un montón de gente no podría acceder a eso. ¿Qué pasará con la próxima generación?".
Rosita: "Sea donde sea que yo haga la raya al momento de votar, no va a haber cambios. Pueden hablar mucho del derecho a la educación, a la salud, pero se ha visto durante todos estos años que esos derechos son cada vez menos. Y como en el mundo laboral todavía hay mucho miedo, eso no los hace pararse. Por lo menos, tenemos que preocuparnos de mantener en la gente su capacidad de reflexión. Nuestra única posibilidad es capacitar a la gente para que, por una parte, se dé cuenta en qué mundo está viviendo. Y, por otra, entregarle instrumentos técnicos y legales, que son cosas que inspiran respeto. Quizás en una o dos generaciones más exista gente capaz de pensar que puede haber cambios"
JULIA RAMIREZ
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