23 de diciembre de 1999

Casa de las Américas, el arca de la cultura

Roberto Fernández

Para muchos, intelectual emblemático de la revolución cubana, Roberto Fernández Retamar enseñaba en la Universidad de Yale cuando Fidel y los "barbudos" entraron a La Habana a comienzos de 1959. Podía aspirar a un expectable futuro académico pues lo esperaba otra cátedra en la Universidad de Columbia, pero no vaciló en regresar a Cuba. Tenía 28 años y pensó -como dice- que había que correr el riesgo de intentar reconstruir a Cuba y transformarla en un país auténticamente soberano. Piensa que eso se ha logrado y que Cuba es hoy libre, no subordinada ni sometida a nadie.

Poeta, ensayista, expositor elocuente y ameno, es también polemista de fuste. Sin embargo se lo identifica principalmente por su labor en Casa de las Américas, en la que ha estado desde su fundación y trabajando en la revista que dirige desde hace más de treinta años. Fernández Retamar vino a Chile a recibir una distinción instituida por la Fundación Felipe Herrera por su labor de acercamiento entre nuestros pueblos, junto a otros intelectuales relevantes. Lo entrevistamos en la embajada de Cuba, después de otra larga conversación periodística y antes de una lectura de poemas en "La Chascona", sede de la Fundación Neruda, con poco tiempo y algún cansancio provocado por el viaje desde La Habana, que hizo en compañía de su esposa, Adelaida de Juan, conocida crítica de arte.

Su visita a Chile después de casi nueve años, se produce en el año en que Casa de las Américas cumple cuarenta años...

"Casa está cumpliendo 40 años y es una de las primeras instituciones culturales creadas por la revolución cubana. La primera, en marzo de 1959, fue el Instituto del Cine. La segunda, la Casa de las Américas. Desde su creación hasta los años 80 fue dirigida por Haydeé Santa María, heroína de la revolución. Después hemos venido otros. Creo que Casa ha cumplido una tarea importante, en el propósito inicial de unir culturalmente a los países de nuestra América. Nos movemos en el campo de la literatura, las artes plásticas, el teatro, la música. Tenemos un premio literario bastante reconocido y otras iniciativas importantes consolidadas y en desarrollo".

¿Nunca se ha interrumpido el trabajo?

"Nunca, a pesar de las dificultades. Hemos contado, además, con el apoyo y la comprensión de muchos intelectuales y artistas latinoamericanos. Chilenos han ganado premios, han participado en los jurados -recuerdo a Manuel Rojas, a Francisco Coloane, a Ricardo Latcham y a muchos otros, entre ellos Ana Pizarro, Manuel Cabieses hace pocos años. Jaime Valdivieso trabajó no poco tiempo con nosotros".

¿Latcham murió en La Habana?

"Efectivamente, en ese tiempo -creo que el año 65- para ir a La Habana había que pasar por México, y eso fue complicado debido a la enfermedad cardíaca que padecía. Hay un peligroso diálogo entre la meseta mexicana y el nivel del mar. Murió en Cuba y fue algo trágico. Una pérdida grande; era sin duda un crítico eminente y un buen amigo nuestro".

 

ACTIVIDAD MULTIPLE

 

La labor de Casa de las Américas no es exclusivamente literaria...

"No, por supuesto. Tenemos el Premio que es bastante connotado. Primero se daba sólo a obras en español. Ahora también en portugués, inglés y francés para las literaturas del Caribe. Se otorgaba en los géneros tradicionales, y se agregó más tarde el testimonio, la literatura para jóvenes y otros.

A partir del año 2000 abriremos convocatorias para los premios José Lezama Lima en poesía, José María Arguedas en narrativa y Ezequiel Martínez Estrada en ensayo, para distinguir obras relevantes de autores latinamericanos en español publicadas en los dos años anteriores.

Tenemos una biblioteca muy nutrida, una de las más grandes del continente; una editorial que ha publicado cientos de libros; y tres galerías de arte. Uno entra al edificio principal de Casa y lo primero que encuentra es un mural de Matta que queremos muchísimo y que ha sido un orgullo para nosotros, y en el tercer piso, en la sala Che Guevara, hay un enorme óleo de Matta, espléndido, que se titula 'Para que la libertad no se convierta en estatua'.

Eso habla del trabajo en artes plásticas: exposiciones, reuniones de críticos, de plásticos, etc. Tenemos también un departamento de teatro que publica una revista, 'Conjunto'; un departamento de música que da conciertos y publica un boletín de música".

¿Los ha afectado mucho el bloqueo y las dificultades económicas?

"Sí, por supuesto. Desde la falta de materiales, de pinceles, de instrumentos hasta la escasez crítica de papel.

Teníamos tirajes muy grandes, miles y miles de ejemplares, de libros que no pudimos hacer. El bloqueo ha sido rechazado por el mundo. Ciento cincuenta y ocho países lo condenaron en la ONU, pero sigue y Estados Unidos no quiere darse por enterado. Está decidido a imponernos su voluntad. Desde el gobierno de Jefferson, a comienzos del siglo XIX, ha querido convertir a Cuba en colonia o mantenerla como un protectorado".

¿Han estado imprimiendo en México?

"No. Siempre sacamos nuestras revistas en Cuba, porque pensamos que no era bueno imprimir afuera 'Casa'. 'Conjunto' salió a veces en México y 'Anales del Caribe' donde se ha podido: en Canadá, en cualquier parte. Como digo hemos hecho lo posible por mantener 'Casa' en Cuba, hasta por razones simbólicas. Pero ahora incluso se ha pensado en imprimirla afuera. Nos han dicho que en Chile o en Colombia se podría imprimir en condiciones muy favorables. Tenemos también un Centro de Estudios del Caribe con sus 'Anales', un Centro de Estudios de la Mujer y aunque no forma parte de nuestro espacio, Casa se ha interesado también por los estudios sociales que publicamos en la revista".

¿Cuánta gente trabaja en Casa de las Américas?

"Ciento veinte a ciento treinta personas. Hoy en día Casa de las Américas no es sólo el edificio central. Tenemos ese edificio y uno que está al lado, que hace pareja, la galería de arte, la galería Mariano, y la hemeroteca: cinco edificios. Posiblemente se nos anexará otro edificio cercano para unir hemeroteca y biblioteca".

Un verdadero conglomerado cultural...

"Podríamos llamarlo así. Pero lo más importante, obviamente, no es lo material sino el hecho de que la Casa sigue manteniendo relaciones muy vivas, muy fuertes con intelectuales de América Latina y el Caribe".

En ese plano, ustedes también acumulan una experiencia que los hace observadores privilegiados del desarrollo cultural del continente..

"Ahora estamos reuniendo la documentación de Casa y hemos creado un departamento especial para eso. Tenemos la correspondencia que ha recibido la Casa a lo largo de más de 40 años, que es apasionante. Es el testimonio de la intelectualidad del continente en estas cuatro décadas".

 

LOS CUBANOS DE AFUERA

 

¿Qué cambios importantes se han producido en Casa de las Américas en estos últimos años?

"Hay un cambio grande, muy positivo e inevitable. La Casa se ha ido llenando de gente joven, mientras otros ya estamos bajando la colina. Murió Haydeé, murió Mariano, gran pintor, murió Manuel Galich, que fue subdirector de la Casa y dirigió el departamento de teatro. Otros estamos grandecitos. Tengo 69 años, soy el presidente ahora y es de suponer -como dicen los presos- que me quedan unas 'quince afeitadas'. No creo que la vida me depare mucho tiempo más. La Casa ha ido incorporando gente nueva, no pocos de los cuales no habían nacido cuando la Casa se creó. Por ejemplo, el director del Centro de Investigaciones Literarias tiene 30 y tantos años; el director de la biblioteca, 30 años, la directora del departamento de prensa, tiene 27".

Una de las características del trabajo de Casa ha sido la amplitud. ¿Cuál es actualmente la relación entre el trabajo de ustedes y la emigración cubana?

"Ha habido gran pluralismo. Siempre hemos tenido vínculos con una zona de esa emigración. Por ejemplo, han sido jurados en el Premio de Casa de las Américas, figuras como Juan José Arróo, gran historiador y crítico de la literatura, profesor emérito de la Universidad de Yale por el que yo siento mucho cariño. El me invitó el año 57 a que fuera profesor en Yale. El misterio de por qué pude ser profesor en Yale a los 27 años, se llama Juan José Arróo, que decidió invitarme. El ha mantenido siempre una posición muy patriótica, muy leal. También han sido jurados compatriotas que viven fuera de Cuba. Pienso en Julio Rodríguez Luis, importante crítico literario que fue mi alumno en bachillerato, por ejemplo. En la revista hemos publicado a muchos autores que no residen en Cuba. La condición para publicar en la revista -que es lo que tengo más en la mano porque la he venido dirigiendo desde hace 35 años-, la condición, digo, es un alto nivel intelectual. Por supuesto no vamos a publicar un texto contrarrevolucionario".

Pero puede ser crítico...

"Puede ser crítico, sin duda. No somos nada cerrados. Somos pluralistas -podemos decirlo- porque la realidad es plural. Yo recuerdo que cuando invitamos como jurado de Casa de las Américas a Ernesto Cardenal, sacerdote, alguna gente en Cuba se inquietó. ¿Cómo es que invitan a un cura?, se inquietaron algunos dogmáticos y se inquietó también alguna gente del bando opuesto. La explicación nuestra fue muy simple. No estamos invitando a un cura, invitamos a un gran poeta que es cura. No ha sido ése, por supuesto, el único caso. Hemos llevado personas de opiniones políticas muy diversas. Somos pluralistas dentro de los límites que todo el mundo entiende. No somos utópicamente imparciales y no nos da lo mismo Juana que su hermana. Subrayo el hecho de que publicamos lo que estimamos que tiene alto valor intelectual y eso ha contribuido a que nos respeten más allá de los límites de la ideología que profesamos. Leemos a Ezra Pound, a Claudel, a Brecht, con independencia de las ideas que tengan porque son grandes escritores".

Volvamos a la crisis del "período especial".

"Yo recuerdo, ya era presidente de Casa y lo soy desde el 86, que no quería que me mencionaran el argumento de que para sostener la Casa teníamos que privar de leche a los niños -porque vivíamos de una subvención oficial-. (Ahora no, porque hay una línea paralela, la red Casa en que vendemos productos culturales al turismo. Eso nos financia en parte importante). Decía: si eso pasa, yo mismo voy a cerrar la Casa. Entre el 91 y el 94, Cuba cayó a la sima, el 93 fue el momento más duro. Todos estábamos preocupadísimos, el que no se preocupaba es porque era una piedra. Había una situación terrible con electricidad solamente durante ocho horas, con las industrias semiparalizadas, falta de agua en los edificios y todo lo que se puede imaginar. Se dice fácil pero fue muy complicado".

 

AMIGOS Y ENEMIGOS

 

¿Y disputas ideológicas como el caso Padilla o las críticas que los intelectuales cubanos hicieron a Neruda?

"Son cosas pasadas, muy coyunturales. Y como dice el proverbio, agua pasada no mueve molino. Pero puedo hablarle de algunos intelectuales que estuvieron cerca de nosotros. Dos casos. Octavio Paz y Mario Vargas Llosa. Octavio estuvo muy cerca de mí en lo personal, fuimos muy amigos, aunque nunca estuvo en Cuba ni visitó la Casa. Publicó en la revista porque yo se lo pedí cuando era embajador en la India, pero no tuvo otros vínculos, a diferencia de Vargas Llosa. Sin embargo, nosotros siempre hemos considerado a Octavio Paz un escritor muy importante. Al morir le hicimos un homenaje: 'Memoria de Octavio Paz' en la revista Casa. Publicamos un largo trabajo que escribió sobre él un gran poeta y crítico cubano, Raúl Hernández Novás. Ese trabajo no pudo publicarse como prólogo de las poesías de Octavio Paz, como lo hubiéramos querido, porque él no autorizó -aunque tampoco rechazó- la publicación de la Antología. También publicamos algunas cartas que Octavio escribió a Lezama Lima, a Cintio Vitier y a mí. El caso de Vargas Llosa ha sido distinto por su posición tan cerradamente hostil a la revolución cubana. Pero seguimos considerándolo un escritor valioso. No hemos confundido una y otra cosa. Un hombre puede jugar fútbol maravillosamente y políticamente puede ser un asno. Pero si uno lo quiere juzgar por lo primero, lo otro tiene muy poca importancia. Por otra parte, como son tan resonantes sus opiniones -sobre todo en el caso de Mario- que escribe un artículo y aparece en 50 partes a la vez. Le duele la cabeza y parece que le doliera al planeta. La impresión que se recibe desde afuera es que los intelectuales latinoamericanos en su conjunto han roto con Casa de las Américas, cuando en realidad podemos contar casi con los dedos de las manos a los que lo han hecho. Pero tienen una extraordinaria caja de resonancia, hay que reconocerlo".

 

VISION LATINOAMERICANA

 

En el caso nuestro, de los chilenos, como consecuencia del golpe y el exilio se produjo algo como el descubrimiento de la pertenencia a América Latina ¿Cree usted que éste ha sido un fenómeno general?

"Hay zonas, hay sectores en la vida intelectual -como este escritor hispano peruano que acabo de mencionar- que se han pasado con armas y bagajes al 'pensamiento único', que parece ser en realidad un 'no pensamiento' porque la naturaleza misma de éste lo lleva a ser crítico, cuestionador y el pensamiento único no cuestiona ni critica, y por lo tanto tampoco piensa. Pero creo que hay grandes sectores de la intelectualidad latinoamericana que rechazan esta forma de pensar o no pensar, rechazan esa forma curiosa de 'conservadurismo' que impropiamente se ha dado en llamar neoliberalismo. Un conservadurismo que es abiertamente de derecha y, en ocasiones, profascista. Me parece -y así lo vemos desde esa especie de atalaya que es la Casa- que esta oleada está reculando y se afirma un renacimiento del pensamiento crítico que tiene que desembarazarse desde luego de muchas cosas del pasado. Lo que murió tenía que morir en el llamado campo socialista. Pero América Latina tiene una tradición fuerte, propia, genuina que echa nuevas centellas, reverdece, brilla.

Yo recuerdo que Darcy Ribeiro, ese gran intelectual brasileño, decía que él aprendió a ser latinoamericano cuando tuvo que salir de Brasil y vivir en Uruguay, en Perú, en Venezuela, etc. Nosotros nos vemos latinoamericanos y caribeños paradójicamente no por haber tenido que salir del país sino por haber estado encerrados, sitiados".

¿Por la solidaridad y los contactos?

"El bloqueo tuvo consecuencias desastrosas sobre nosotros, pero, al mismo tiempo, nos vinculó con una cantidad enorme de intelectuales del continente que expresaron su solidaridad con Cuba, muchas veces a través de Casa de las Américas. Eso nos hizo ser más latinoamericanos y descubrir nuestro mundo caribeño que ignorábamos. Era más fácil ir de La Habana a Londres que a Kingston en Jamaica. De hecho nosotros fuimos a Londres, antes, y allí nos preguntaron por Kingston y poco o nada pudimos decir".

Se ha construido una nueva visión.

"Nos hemos acostumbrado a pensar en términos de la colectividad que es nuestra América. Ahora acaba de realizarse la Novena Cumbre Iberoamericana. No cabe duda de que hay una necesidad de que lo que es afín se una. En el caso nuestro, de América Latina, es una necesidad histórica. Europa marcha hacia un entendimiento unitario mientras nosotros seguimos marcando el paso. En el plano estrictamente cultural, a nosotros, los que trabajamos en Casa de las Américas, nos corresponde una tarea modesta, pero creemos que es el plano en que más se ha avanzado. Por lo tanto eso es muy bueno, también si se mira a la luz del rechazo al pensamiento único y a monstruosidades como el bloqueo que afecta a Cuba".

En esta visión latinoamericana que se va imponiendo, Cuba ha tenido un papel importante, en que destaca la figura y la obra de Martí.

"En el caso de Cuba la influencia martiana es determinante, a mi juicio. El legado de José Martí en nuestra revolución es indiscutible y, pienso, es una de las claves de nuestra autenticidad y de la capacidad de resistencia ante el acoso y de creación de nuevas formas sociales. La personalidad de Martí se confunde con su obra literaria, política, periodística, poética y con sus atisbos visionarios. Todavía nos falta mucho por descubrir de su riquísima personalidad, que fue compleja, lo que hace que se lo vea desde ángulos muy distintos, siempre como hombre de grandeza superior. Gabriela Mistral destacó la ética que guiaba sus pasos. Al mexicano Alfonso Reyes lo atrajo sobre todo su literatura. Por Martí entendemos nuestra revolución como propia de 'nuestra América' y, por lo tanto, también asumimos una identidad común y una tarea inacabada de entendimiento y unidad"

 

Hernán Soto

anterior
siguiente