23 de diciembre de 1999

Lagos o el retroceso

Editorial

El caudal de conciencia democrática que el pueblo chileno acumuló en su lucha contra la dictadura militar fue despilfarrado por la mal llamada Concertación de Partidos por la Democracia en menos de diez años. Así lo demuestran los resultados electorales del 12 de diciembre: una derecha crecida y arrogante y una Concertación drásticamente disminuida. Ese balde de agua fría ha provocado un estremecimiento de temor en las filas democráticas. Es posible que el shock remezca las conciencias y permita parar la amenaza derechista. Las ambigüedades y contradicciones de la Concertación, que la llevaron a renunciar a su programa para privilegiar el consenso con la derecha y el militarismo, terminaron por agotar la paciencia de un amplio sector popular. La mayoría quiere un cambio que solucione los problemas que abruman su vida cotidiana, empezando por el desempleo y los bajos salarios. Las aspiraciones de cambio, sin embargo, no se volcaron a los candidatos alternativos. se apropió de ellos la derecha, la misma que es fuente de origen de los problemas económicos y sociales que hoy afectan al pueblo. El gran empresariado, el militarismo y la jerarquía conservadora de la Iglesia Católica, que implantaron la Constitución antidemocrática de 1980 y el modelo económico neoliberal, cuyos efectos estamos viviendo, lograron atraer -camuflados detrás de un candidato populista- el apoyo de los decepcionados y descontentos. Hace sólo seis años la opinión democrática reunía alrededor del 70% de los votos y la derecha estaba reducida al 30,6%. El 12 de diciembre el campo democrático bajó al 52% -una disminución de 18 puntos-, y la derecha creció al 47,5%, aumentando 17 puntos. Particularmente penosa es la baja del sector "alternativo" que disminuyó más de 7 puntos. Esto plantea una profunda crisis de conducción en ese sector minado por mezquinas competencias de hegemonía. El resultado de la primera vuelta significó una ligera ventaja de 35.846 votos para Ricardo Lagos (47,98%). Joaquín Lavín alcanzó el 47,47%. Entre ambos hay una diferencia de sólo 0,51%. No cabe duda, por lo tanto, que la derecha tiene muchas posibilidades de ganar la segunda vuelta debido al efecto multiplicador que le proporciona una dinámica de vigoroso crecimiento.

Estamos enfrentados a un grave peligro. Las fuerzas democráticas -y no sólo la pusilánime y desgastada Concertación-, podemos sufrir una segunda derrota histórica. Si llegara a consumarse, sería mucho más profunda que la de septiembre de 1973. La victoria reaccionaria contaría esta vez con la legitimidad de una mayoría electoral. Costaría muchísimo reconstruir un bloque democrático para sacudirse de un poder fascistoide como el de la UDI que intentará cooptar a vastos sectores populares. Apoyando con todos sus recursos al candidato de la derecha, están el empresariado, el militarismo y el Episcopado, cuya declaración en vísperas de las elecciones fue un llamado implícito a votar por Lavín, un católico de extrema derecha. El sector conservador de la Democracia Cristiana por su parte desertó del campo concertacionista para integrarse subordinadamente al polo reaccionario.

Colocados ante la eventualidad de una derrota que afectaría no sólo a la Concertación sino al conjunto del campo democrático, no cabe otra actitud que cerrar filas para atajar a la derecha, asegurando a futuro condiciones mínimas para avanzar en la construcción de la alternativa democrática y de justicia social. El debilitamiento de la Concertación no ha tenido como correlación -hasta ahora- el fortalecimiento de las fuerzas del cambio que en el plano electoral están muy reducidas y fragmentadas. En lo político y social, persisten la dispersión y el sectarismo. Grupos y micropartidos deambulan por el escenario social y político como esquéleticos testimonios de una insuperable vocación de marginalidad. Esta realidad, que una invariable y autocomplaciente resistencia a la autocrítica impide admitir, no deja otra posibilidad que votar por Ricardo Lagos, convirtiendo en suicida el voto nulo o en blanco. Una eventual derrota de la Concertación como resultado de los "kamikases" de la política, tendría un solo beneficiario: la derecha pinochetista, rehabilitada ante la historia por la mayoría electoral.

De este cuadro político se desprende otra conclusión que tiene relación con el futuro de la Izquierda y de las fuerzas del cambio. El proyecto de la Concertación ha entrado en su ocaso. Es el momento de levantar una alternativa que la reemplace y supere. Si Lagos pierde, será el colapso. El factor principal y casi único que une a la Concertación es la administración de los recursos del gobierno. Perdió la cohesión de un programa democratizador y se desvinculó del pueblo al impedir su movilización y participación. El proceso de declinación de la Concertación -perceptible a partir de las parlamentarias de 1997-, es irreversible y no lo detendrá una victoria de Lagos. Si llega a La Moneda será gracias a un voto crítico, nada incondicional a la Concertación. Habrán votado por él los que antes lo hicieron por los candidatos alternativos y aquellos que se abstuvieron o votaron nulo o en blanco. Ese sector acudirá en su auxilio para derrotar una vez más a la derecha. Pero esa demostración de madurez política no impedirá que siga su curso inexorable el destino de la Concertación. Quedará instalada una derecha muy fuerte -con una cabeza de playa al interior del propio gobierno-, que impondrá duras condiciones al nuevo presidente. Lagos está notificado de la desconfianza que sienten por él la clase empresarial, el militarismo y la Iglesia Católica, con quienes malgastó tiempo y saliva intentando incorporarlos a su proyecto de Tercera Vía "a la europea". No logró convencer a los "poderes fácticos" de que un socialdemócrata partidario de la economía de mercado es muy diferente a un socialista consecuente como fue Salvador Allende. Lagos no contó con la astucia del pensamiento conservador chileno, uno de los más retrógrados del mundo. Sus promesas y palmaditas en el hombro se volvieron sal y agua a la hora de las definiciones. El empresariado se alineó con Lavín y abrió su bolsa sin limitaciones para financiar el más monumental intento de cohecho que conoce la historia electoral de Chile. El resultado de la primera vuelta se celebró con whisky y champaña en las gerencias de los bancos y empresas que han presionado a sus trabajadores a votar por Lavín. La "familia militar" a la que Lagos y su equipo dedicó atención personalizada, dentro y fuera del país, se cuadró con la UDI que es su propio engendro y está votando disciplinadamente por Lavín en todas las guarniciones del país.

El frente conservador extiende sus líneas al interior de la propia Concertación. Tiene su enclave en la DC, donde coexisten dos partidos. Uno lo dirige una fracción oligárquica con intereses coincidentes con la UDI y Renovación Nacional, como se demostró en la discusión de las reformas laborales en el Senado. El otro, en cambio, tiene fuertes raíces populares y sustenta los valores del ideario socialcristiano original. La trayectoria de la crisis que afecta a la DC hace recordar la declinación del antiguo Partido Radical. El PR fue poderoso en las capas medias y gobernó el país entre 1938 y 1952. Sin embargo, el peso que la oligarquía latifundista y financiera alcanzó en su seno, convirtió a ese partido en un instrumento de las clases dominantes, anulándolo como instrumento de progreso y llevándolo a su jibarización. El ala conservadora demócrata cristiana -con fuerte incidencia en el electorado femenino- infló bajo cuerda la votación derechista del 12 de diciembre. Para revertir esa estampida Lagos ha entregado la dirección de su campaña a la DC que ahora es responsable absoluta de los contenidos y estilos de su candidatura. Esto la despojará del sesgo laico y socialdemócrata -falsamente conceptuado como "confrontacional"- para hacer predominar el ingrediente demócrata cristiano en la esperanza de reconquistar un electorado que difícilmente volverá a su nido. Y si eso resulta, Lagos se constituirá en prisionero de la DC. Si esta operación fracasa, la crisis en la DC -postergada por las elecciones presidenciales- se precipitará.

Otro tanto sucede en el Partido Socialista, relegado en esta campaña a la condición de pariente impresentable. En el PS laten corrientes contradictorias que viven por ahora en condición de armisticio. Pero el alto al fuego se puede romper al día siguiente de las elecciones.

La conclusión es que, sin perjuicio de abocarse hoy a lo principal que es derrotar a la derecha, las fuerzas del cambio -cuyo eje es la Izquierda- deben avanzar con más firmeza a la construcción de una alternativa democrática y de justicia social, capaz de reemplazar y superar a la Concertación. El análisis de los resultados electorales puede ser un buen ejercicio científico y político para comprender el país real en que vivimos, muy diferente del que imaginaban muchos dirigentes. Pero esto no será suficiente si al mismo tiempo no se parte por reconocer y asimilar el cambio de época que vive el mundo bajo el influjo de las nuevas tecnologías que repercuten en el comportamiento social, cultural y político de los ciudadanos. Está naciendo una nueva civilización. La microelectrónica y la ingeniería genética, por ejemplo, son factores nuevos en la política en cuanto inciden en la vida cotidiana de los pueblos y van perfilando nuevas formas de civilización basadas en la cibernética y la comunicación global instantánea. Este cambio de época reclama un nuevo sistema de ideas liberadoras porque se realiza a costa del sometimiento y el engaño de los pueblos excluidos del progreso. La lucha por la igualdad de oportunidades, la justicia social y el respeto por el ser humano y la naturaleza, esencia de la democracia de nuestros tiempos, adquiere una dimensión universal que un nuevo proyecto democrático para Chile debe necesariamente tomar en cuenta. La malversación del caudal de conciencia democrática cometido por la Concertación y el agotamiento de su proyecto, hacen más urgente trabajar una alternativa que evite lo que podría ser un largo paréntesis de populismo fascistoide.

PF

 

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